Unión Europea y Mercosur: historia de un acuerdo (y de varios desacuerdos)

Últimamente, todos los titulares están copados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, su proteccionismo exacerbado y su particular obsesión con subir aranceles para intentar compensar la balanza negativa que su país tiene con Europa. Tanto es así que una de las noticias más importantes para el comercio internacional que nos dejó el 2024 pasó algo desapercibida: el 6 de diciembre del pasado año, la Unión Europea y Mercosur concluyeron las negociaciones sobre el Acuerdo de Libre Comercio. Un hecho histórico que pone fin a un proceso de 25 años de duración, y que facilitará mucho las relaciones comerciales entre Europa y América del Sur una vez sea ratificado.

Para ponernos en contexto, Mercosur es una organización internacional compuesta por Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia, creada en 1991 por el Tratado de Asunción, y que el Protocolo de Ouro Preto de 1994 configura con personalidad jurídica propia, creando un arancel común y una zona de libre comercio. Además, por medio del Protocolo de Ushuaia se establece la “Cláusula Democrática”, que configura al Estado Democrático de Derecho como un requisito imprescindible para obtener la condición de miembro. Este es el motivo por el cual Venezuela ha visto su membresía suspendida desde 2016.

Desde la izquierda, Javier Milei, Luis Lacalle Pou, Ursula von der Leyen, Luiz Inácio Lula da Silva y Santiago Peña en la cumbre de Mercosur en Montevideo, Uruguay.

Las relaciones entre Mercosur y la UE.

Poco después de la firma del Protocolo de Ouro Petro se establecen relaciones con la UE. En 1995 se firma en Madrid un primer Acuerdo Marco de Cooperación, que suponía la confirmación de la UE como un modelo a seguir y la proyección internacional de la misma. Las relaciones establecidas son, ya con vistas al Acuerdo de Libre Comercio, un tanto peculiares. No estamos hablando de negociaciones entre dos iguales, sino entre un ente supranacional con vocación última de convertirse en federación y una comunidad de naciones de carácter asociativo, limitada a tratar únicamente cuestiones económicas. América Latina, por lo general, ha sido más reticente a la cesión de competencias y a la integración supranacional que Europa, y Mercosur no ha sido una excepción.

Las negociaciones empezaron con la entrada en vigor del citado Acuerdo Marco en 1999, y desde entonces, hubo diversos altibajos en las mismas. Desde 2010 se observa un interés por ampliar el contenido del Acuerdo, y se propone en él cosas como el comercio de servicios, la mejora de las normas sobre la contratación pública y propiedad industrial y la simplificación de procedimientos aduaneros.

Habría que esperar a junio de 2019 para poder llegar a un “principio de acuerdo”, que, además de lo puramente comercial, incluye cuestiones de otros ámbitos, especialmente la protección del medio ambiente. Esto se traduce en la necesidad de todas las partes de respetar los Acuerdos de París, reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero y la introducción de medidas contra la deforestación. Medidas consideradas insuficientes por algunos e innecesarias por otros, como veremos más adelante.

Finalmente, la visita a Montevideo por Von der Leyen nos lleva a la situación actual del Acuerdo que, a fecha de febrero de 2025, espera al proceso de ratificación por el Consejo y el Parlamento y de traducción a todas las lenguas oficiales de la UE.

A pesar de las diferencias existentes, ambas partes han mostrado un continuado interés en la consecución del acuerdo. Al fin y al cabo, Mercosur es la 5ª economía mundial por PIB y la 4ª por volumen de negocio, además de ser un mercado de 275 millones de personas. Estamos ante el acuerdo comercial más grande de la historia de la UE, con bastante diferencia.

La posición de Mercosur al respecto.

Para Mercosur, la UE representa, además de un mercado potencial de 450 millones, a su principal socio comercial, al ser el destino de casi un 20% de sus exportaciones y un comprador de bienes de alto valor añadido. Evidentemente, es esperable que ese porcentaje crezca considerablemente con la entrada en vigor del Acuerdo.

El acuerdo prevé que el 100% de las importaciones industriales desde Mercosur hacia la UE estén completamente exentas de cualquier tipo de arancel (por el 90% de importaciones de la UE a Mercosur que verían sus aranceles reducidos). Donde se espera mayor crecimiento para Mercosur es en el ámbito de la agricultura. Y es que para 45 mil toneladas de miel, 60 mil de arroz, 180 mil de azúcar y 180 mil de aves de corral libres verán sus aranceles reducidos a un 0%. Esto último ha generado descontento entre los ganaderos europeos, factor importante como veremos más adelante.

El apoyo en los países del Mercosur al acuerdo no ha sido constante. En efecto, ha sido necesario un cambio en los gobiernos de estos países para poder lograr ese “sprint final” que logró concluir las negociaciones en Montevideo. Por ejemplo, en Brasil, el anterior gobierno de Bolsonaro se opuso firmemente a la introducción de medidas climáticas, debido a las políticas que estaba llevando a cabo sobre la Amazonia, muy agresivas contra la flora y poco preocupadas por preservar la diversidad de esta zona. Y en Argentina, aunque Javier Milei es crítico de Mercosur, si que es partidario de este Acuerdo, y su presidencia ha sido necesaria para poner fin al bloqueo que el anterior gobierno de Alberto Fernández ponía.

Las posiciones a favor y en contra en el seno de la Unión.

Si hay un país que sea la principal voz a favor, ese es Alemania. Desde Berlín están especialmente a favor del acuerdo, además de por el factor geoestratégico, por las oportunidades que ofrece a su industria automovilística y farmacéutica de expandirse a nuevos mercados, y por el acceso a materias primas estratégicas como el hierro, el cobre, o el litio. Con la amenaza de crisis muy presente, el gobierno de Scholz no ha dudado en impulsar las negociaciones en su tramo final.

Por otra parte, España también está a favor, por los fuertes lazos que comparte con el continente suramericano. Además, tras las amenazas de Trump a las que se alude al principio de este artículo, defiende la necesidad de diversificar los destinos de sus exportaciones e importaciones y que Mercosur es una gran oportunidad para ello.

No todos en la Unión están a favor, sin embargo. Francia se ha manifestado fuertemente en contra, tanto con el principio de acuerdo alcanzado de 2019, como el firmado en Montevideo en 2024. Lo hizo alegando su preocupación por la protección del Amazonas, la lucha contra el cambio climático y el respeto a las normas fitosanitarias y sobre agricultura europeas. Aunque algunas voces alegan que su oposición se debe más a la impopularidad de Macron entre agricultores y ganaderos, los cuales muestran preocupación por la entrada masiva de carne y productos agrícolas a Europa. Tras los descalabros electorales del año pasado, Macron quiere recuperar popularidad en este grupo de la población con medidas como esta.

Por su parte, Austria y Polonia ya han expresado su rechazo al acuerdo. Si desean bloquearlo, necesitan al menos un socio más para sumar entre todos el 35% de población de la UE necesario para formar una minoría de bloqueo.

Una vez más, la Italia de Meloni tiene la última palabra. El gobierno italiano no parece decidirse por ninguna de las dos posturas. Si bien ha manifestado las mismas preocupaciones por los granjeros que Macron, no podemos olvidar que Italia es el segundo país de la UE que más exporta a Mercosur. El voto de su gobierno en el Consejo, y el voto de su partido, Fratelli d’Italia, son decisivos para que el Acuerdo salga adelante.

Porque debemos tener en cuenta además que la ratificación pasa por el Parlamento Europeo. Todo apunta a que la gran coalición del Partido Popular, los Socialistas y Demócratas y Renovar Europa apoyará el acuerdo, con previsiblemente algunos diputados de los tres grupos no siguiendo las corrientes generales de sus grupos. En el lado izquierdo del espectro político, los Verdes y la Izquierda se oponen, debido a sus preocupaciones en cuestiones sobre la protección de los derechos humanos y el medioambiente en la región. Mientras que en la derecha, tanto los Patriotas como Europa de Naciones Soberanas (ESN) estarán en contra, debido a su fuerte apoyo en zonas rurales.

Por delante tenemos dos batallas políticas de proporciones titánicas antes de ver, o no, la ratificación del Acuerdo. En el Consejo, si Francia logra esa minoría de bloqueo, la ratificación corre peligro. En el Parlamento, habrá que prestar atención al grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos, cuyo apoyo o rechazo promete ser crucial, en el enésimo ejemplo de lo complejo y difícil que es la toma de decisiones en la UE con los tratados actuales, y que las grandes decisiones se toman en clave nacional, y no europea.

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